Buda y nosotros.

Hemos nacido, vivimos y moriremos. Mientras tanto nos esforzamos por obtener lo que deseamos y huir de lo que tenemos, sin llegar a conseguirlo.
Incluso cuando obtenemos el objeto de nuestro deseo, no nos quedamos satisfechos, ya sea por porque tenemos miedo de perderlo o por que desearíamos tener más todavía.
¿Como contentarnos con una felicidad que depende de condiciones impermanentes, que están más allá de nuestro control? ¿Cual es el sentido de una vida en la que todas nuestras obras son impermanentes y en la que encontramos tanto sufrimiento? ¿Existe una vía de liberación y realización de uno mismo que no nos encierre en un nuevo sistema de pensamiento o creencia?
Cuando la reflexión ordinaria llega a sus limites y cuando se deja de lado la fascinación del no-pensamiento, todavía es posible sentarse y meditar como lo hizo Buda, él que hace veinticinco siglos se hacía más o menos las mismas preguntas, Desde entonces,noventa generaciones de sucesores se han obstinado en sentarse inmoviles cara a la pared y allí han descubierto un punto de vista liberador de su existencia: éste es el origen de la transmisión del zen.

Roland Yuno Rech.
Zen o el despertar en la vida diaria.
Traducción de Antonio Arana y Txus Laita.
Editorial Milenio - Lleida 2004

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